Publicado 28 mar 2022
El 13 de enero de 2018, 1,4 millones de personas en todo Hawái recibieron un SMS de la Agencia de Gestión de Emergencias del estado:

AMENAZA DE MISIL BALÍSTICO ENTRANDO EN HAWAII. BUSQUEN REFUGIO INMEDIATAMENTE. ESTO NO ES UN SIMULACRO.

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En los minutos que siguieron, se vieron obligados a enfrentarse a cuestiones existenciales que habían sido impensables momentos antes: ¿dónde podían ir a refugiarse? ¿Qué quedaría de sus comunidades si sobrevivieran a una explosión nuclear? ¿Cómo podrían explicar a sus hijos por qué vivimos en un mundo en el que es posible una destrucción tan inimaginable? ¿Y cómo podría su propio Gobierno seguir aplicando políticas nucleares que amenazan cada día a toda la población mundial?

Para cuando la FEMA consiguió retractarse del mensaje de advertencia incorrecto, ya era demasiado tarde para pretender que se reanudara la normalidad. Su experiencia colectiva había dejado al descubierto la creciente amenaza que las armas nucleares suponen para el mundo. En palabras de Cynthia Lazaroff, residente de Kauai, "no pasó nada, pero todo cambió".

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